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¿Qué has aprendido este año?

Temática:
Seguros, estrategia, desarrollo
Dic, 2025 Alfonso Linares

Año 1995. Llegas a la oficina, abres el cajón y aparece el kit de supervivencia: agenda de anillas, tarifas impresas, boli Bic mordido (porque pensar desgasta) y un fax que escupe papel como si tuviera algo personal contigo. Si tenías una duda técnica, hacías lo impensable hoy: esperabas. Esperabas a hablar con la Compañía, a llamar al compañero “que se lo sabe”, o a la próxima jornada del Colegio.

 

Año 2025. El cajón vibra. WhatsApp a las 8:42, correo a las 8:43, mensaje de voz a las 8:44 y un cliente que te pone “👍” como si eso fuera una declaración jurada. La duda ya no “se trabaja”: se resuelve en modo microondas (o se intenta). Y si tardas, no pasa nada… Salvo que el cliente ya le haya preguntado a otro o a una IA, o a los dos.

“Colegios/Asociaciones: En un mundo con más tecnología y más regulación, el valor de estas entidades se dispara… si actúan como palanca real”

Y aquí viene la pregunta de fin de año, la que no se contesta con un emoji: ¿Has aprendido de verdad… o has ido sobreviviendo con información rápida?. Porque “aprender” no es solo hacer cursos. Aprender también es mirar el año a la cara y admitir lo que ha cambiado… y lo que se te ha escapado

 

Este 2025 nos ha dejado varias lecciones (de las que pican, pero curan):

 

Que la velocidad ya no es un extra: es el estándar. El cliente no compara solo precios; compara experiencias. Si a él le contestan en minutos y tú en horas, no estás compitiendo en seguros: estás compitiendo en paciencia (y la paciencia está en peligro de extinción).

 

Que la IA no ha entrado “como herramienta”: ha entrado como contexto. No es “una app más”. Es una capa que se está poniendo encima de procesos, comunicación, análisis, marketing y atención. Y el que no lo vea, no es que vaya tarde… es que está viendo un partido de otra liga.

 

Que la ciberseguridad ya no es un tema de “informáticos”: es un tema de negocio. Y, por cierto, también es un tema de reputación. Porque en seguros la confianza no se rompe con un martillo: se rompe con una filtración, un descuido o un “copié/pegué” donde no tocaba.

 

¡Qué el sector ya está bajo un marco de “resiliencia digital”! en serio. DORA entró en aplicación este año, poniendo el foco en que entidades financieras, incluidas aseguradoras (y en algún momento se ampliará a los mediadores), sean capaces de resistir y recuperarse de incidentes TIC/ciber, además de vigilar dependencias de terceros tecnológicos. Traducción: no solo hay que vender bien, hay que trabajar muy bien y demostrarlo.

 

Que la regulación de IA ya no es futurible. EIOPA publicó su Opinión sobre gobernanza y gestión de riesgos de IA en agosto. Y el calendario del AI Act sigue marcando hitos y presión competitiva/regulatoria.

 

Aprender en 2025 también ha sido entender esto: el tablero se ha movido, ¿y tú, has movido ficha?.

 

En Compañías, Asociaciones, Colegios y Mediadores, este año se han visto dos extremos muy claros:

 

Hay profesionales muy buenos que han mirado la IA con prudencia, como debe ser: el seguro es riesgo, y el riesgo se respeta.

 

Pero el problema llega cuando el respeto se convierte en bloqueo. Porque entonces deja de ser prudencia y pasa a ser un impuesto invisible: lo pagas en tiempo, en margen y en oportunidades… hasta que un día lo pagas en clientes. Y lo peor es que el mercado no te va a avisar con una carta certificada, te avisa con una frase seca: “No te preocupes, ya lo he resuelto.” Y aunque está muy manido, lo repito: la IA no te echa del mercado; te echa el que la usa mejor que tú.

 

Y luego está el otro extremo: el “pásame todo y lo meto en la IA”, como quien mete papeles en una trituradora… pero al revés, sin saber dónde van a parar.

 

Aquí la fiesta suele terminar con resaca de tres tipos: Ciberseguridad, datos sensibles viajando donde no deben. Cumplimiento, “¿esto se puede hacer?” preguntado cuando ya se hizo. Y/o reputación: esa póliza que nadie te vende cuando la has liado.

Para que si eres cochero lo tengas claro, te doy una metáfora: El prompt es el volante, los datos son el combustible, la gobernanza es el cinturón y la ciberseguridad es el airbag. Puedes conducir sin cinturón… una vez. El problema es que el accidente nunca avisa.

 

Aquí viene una parte incómoda, pero útil: las oportunidades que se escaparon, no siempre se escaparon por falta de mercado, muchas veces se escaparon por falta de enfoque.

 

Oportunidades de eficiencia: La IA podía haberte quitado horas de tareas repetitivas, para devolverte lo único que da dinero de verdad: tiempo para el cliente, prospección y estrategia. Pero si no la has probado bien… sigues pagando el “impuesto del teclado”.

 

Oportunidades comerciales: Hay productos y conversaciones que este año han ganado protagonismo (ciber, continuidad de negocio, resiliencia digital). Y la mediación tiene una ventaja brutal: sabe traducir riesgos complejos. Porque si no has entrado ahí, probablemente alguien lo ha hecho por ti.

 

Oportunidades institucionales (Colegios/Asociaciones): En un mundo con más tecnología y más regulación, el valor de estas entidades se dispara… si actúan como palanca real. 2025 ha sido un año perfecto para convertir formación en acompañamiento, y acompañamiento en retención y/o crecimiento del colectivo.

 

Llega enero y todos nos ponemos épicos: “Este año sí: que voy al gimnasio”, “Ahora sí: que dejo de fumar” o “A partir de ya: como más sano.”.

 

En nuestro sector, los propósitos suenan sospechosamente parecidos:

 

Propósito 1: “Este año sí, IA” Pero no IA para posturear. IA para trabajar mejor: menos tareas mecánicas, más calidad, más claridad y más venta consultiva.

 

Propósito 2: “Dejo de fumarme… los datos sensibles”. Dejar de pegar “cosas” donde no debesm ese “ya que estoy, pego también esto” es el cigarro tonto del dato. Parece poca cosa… hasta que un día no lo es.

 

Propósito 3: “Como más sano… de ciberseguridad y gobernanza”. Más higiene digital, más criterio, más reglas simples, menos improvisación. Porque el futuro será tecnológico, sí, pero la confianza seguirá siendo humana.

 

Y por último, un plan sencillo para no quedarte fuera el año que viene:

 

Imagínate tu primer lunes laborable de 2026, los tres canales digitales ardiendo, dos renovaciones, un siniestro delicado, una empresa pidiéndote propuesta “para ayer”… Ese día no vas a necesitar “aprender IA”, vas a necesitar rutina... Como el gimnasio: poco, constante y con técnica.

 

Una hora semanal de aprendizaje real, una hora bloqueada. De verdad, no “me veo algo”, no a ratos, una hora con intención y aplicación.

 

Tres “ejercicios” de IA que te den oxígeno, por ejemplo: Preparación de propuestas o argumentarios (más rápido y más claro), comunicación con clientes en siniestros (menos fricción, más confianza) y estructura comercial: entrevistas, objeciones y seguimiento (menos improvisación).

 

Tu cinturón de seguridad en una hoja, con un protocolo mínimo: qué datos no se suben jamás, qué herramientas están autorizadas, quién revisa lo generado y cómo se guarda.

 

Esto no es paranoia: es cultura de riesgo.

 

Un objetivo medible, porque si no se mide, se diluye, por ejemplo: “Reducir un 20% el tiempo en tareas repetitivas y dedicarlo a prospección/fidelización”.

 

Cierra los ojos un segundo y vuelve a 1995: el cajón, la agenda, el fax, el respeto por aprender, la formación que esperabas porque sabías que te hacía mejor.

 

Ahora abre los ojos y mira 2025: el cajón vibra, el ruido manda y la inmediatez compite por tu atención. La evolución hasta aquí ha sido casi sin esfuerzo: la tecnología se coló sola en tu día a día.

 

La siguiente evolución no será así. La siguiente exige intención. 2026 está llamando a la puerta. ¿Vas a abrir… o vas a mirar por la mirilla esperando que se pase por delante?

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